Agnosia auditiva verbal

La agnosia auditiva verbal fue descrita por Rapin et al en 1977. En estos casos existe una incapacidad para descodificar el lenguaje recibido por vía auditiva. En los niños autistas con este nivel de afectación, no se observan, a diferencia del niño puramente disfásico, esfuerzos para comunicarse mediante medios no verbales (dibujos y gestos). Por el contrario, el niño utiliza al adulto como un objeto, manipulado para satisfacer sus deseos. Es típico constatar cómo el niño coge de la mano a su madre, dirigiéndola a su objetivo, sin mediar ninguna mirada, ni cualquier otra interrelación comunicativa. Los autistas con esta disfunción lingüística suelen ser los más gravemente afectados. Se añade habitualmente un retraso mental, que acentúa el trastorno.

Este trastorno es el que con mayor frecuencia se asocia a epilepsia y/o alteraciones paroxísticas en el EEG. Ello plantea interesantes cuestiones sobre la relación entre estos cuadros de autismo gravemente disfásicos y la afasia epiléptica adquirida de Landau-Kleffner.

Síndrome fonológico-sintáctico.

Es el trastorno específico del lenguaje más habitual, tanto entre autistas, como no autistas, y, a veces, es difícil de diferenciar, en casos leves, del retraso simple del lenguaje. Se expresa por una pobreza semántica y gramatical, acompañada de una vocalización deficiente, lo cual condiciona un lenguaje poco inteligible sobre todo para los adultos no familiarizados con su forma de hablar. Si bien la comprensión está más o menos alterada, el trastorno se manifiesta especialmente como un déficit expresivo.

Síndrome léxico-sintáctico.

En estos casos la afectación reside principalmente en la capacidad para evocar la palabra adecuada al concepto o a la idea. Debido a que se añaden dificultades pragmáticas, es difícil establecer los límites de este trastorno, tanto con respecto al síndrome semántico-pragmático, como con el fonológico-sintáctico.

Síndrome semántico-pragmático.

Es el trastorno del lenguaje más interesante y más estudiado en niños autistas. Su importancia deriva de que está conectado, no exclusivamente con el déficit lingüístico, sino que es también una manifestación lingüística del cuadro autista en su vertiente social; por ello merece una consideración más amplia en otro apartado.

Mutismo selectivo.

Los niños que padecen este trastorno tienen capacidad para hablar normalmente, pero en determinadas situaciones (en especial, en el colegio o con desconocidos) no utilizan prácticamente ningún lenguaje. Muchos aspectos del mutismo selectivo son similares a los hallados en los autistas de funcionamiento elevado y SA. Por ello se ha propuesto que posiblemente exista una relación entre estos trastornos.

Trastornos de la prosodia.

La prosodia incluye los aspectos del habla no relacionados directamente con la descodificación de grafema a fonema. Por tanto, se refiere a la entonación y al ritmo que se aplica al lenguaje. En niños autistas de funcionamiento alto y en el SA no es raro observar trastornos de este tipo, que pueden añadirse a otros problemas lingüísticos.

En ocasiones, el tono de voz que utiliza el niño puede producir una sensación de pedantería; en otros casos, se expresa con una entonación excesivamente aguda, o con formas de voz muy peculiares, que acentúan la extravagancia del lenguaje. Entre los criterios diagnósticos de Gillberg figura, como una de las posibles disfunciones del lenguaje y del habla, la alteración prosódica.

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